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La doble jornada de la mujer panameña: El reto de conciliar el hogar con la política

Entre la crianza y las urnas: La difícil conciliación del liderazgo femenino

Incursionar en la vida pública y política exige un nivel de compromiso, tiempo y recursos que pocos sectores pueden asumir con facilidad. Para las mujeres en Panamá, este desafío se duplica: a las barreras estructurales del sistema electoral se suma la pesada carga de los roles tradicionales de género y las labores de cuidado no remuneradas dentro del hogar.

Mientras la Comisión Nacional de Reformas Electorales (CNRE) debate sobre normas de paridad y vacíos legales, la realidad cotidiana de miles de lideresas comunitarias se juega entre las paredes de sus casas, intentando equilibrar la atención de la familia con sus aspiraciones de servicio público.

El freno invisible de la carga doméstica y de cuidado

Para una mujer, decidir postularse a un cargo de elección popular o asumir un liderazgo partidario implica asumir una “doble jornada”. Históricamente, la sociedad ha asignado de manera casi exclusiva a las mujeres las tareas de cocina, limpieza, crianza de los hijos y el cuidado de adultos mayores. Estas responsabilidades no se detienen cuando inicia una campaña electoral.

Las reuniones de base en horarios nocturnos, los recorridos territoriales de fin de semana y las extensas jornadas de debate legislativo o comunitario entran en constante conflicto con las obligaciones familiares. Mientras sus pares masculinos suelen contar con una red de apoyo doméstica que les permite dedicarse por completo a la política, las mujeres deben resolver primero la logística del hogar antes de salir a convocar votos.

De la base comunitaria a la mesa de decisiones

En Panamá, las mujeres constituyen la principal fuerza organizativa en las bases de los partidos políticos y en los movimientos sociales. Son quienes organizan la logística, preparan los eventos, atienden a las comunidades y sostienen la estructura territorial. Sin embargo, cuando llega el momento de definir las candidaturas o los puestos ejecutivos, sus nombres suelen ser desplazados.

El tiempo dedicado al trabajo de cuidado resta disponibilidad para la negociación política informal, que a menudo ocurre fuera del horario de oficina. Esta falta de tiempo utilizable se convierte en una desventaja competitiva frente a aspirantes que no cargan con la responsabilidad directa del sostenimiento cotidiano del hogar.

Hacia una corresponsabilidad para una verdadera paridad

La baja representación femenina en la Asamblea Nacional, las alcaldías y las juntas comunales no responde a una falta de capacidad o interés por parte de las ciudadanas, sino a un modelo que ignora la economía del cuidado. Sin políticas públicas que promuevan la corresponsabilidad en el hogar y sin incentivos reales dentro de los partidos para adaptar los espacios de participación, la paridad seguirá siendo un concepto teórico.

Lograr una democracia participativa e incluyente requiere reconocer que el trabajo doméstico es un asunto de interés público. Garantizar que las mujeres puedan ejercer su derecho a elegir y ser elegidas exige construir redes de apoyo institucionales y transformar la cultura política, de modo que cuidar a la familia no signifique renunciar a liderar el país.

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