Por Jorge I. González
Abogado
La conmemoración del 61 aniversario de la Gesta del 9 de enero de 1964, en 2026 que apenas comienza, se produce en un contexto marcado por el ataque militar de Estados Unidos a Venezuela, el despliegue de la flota imperial en el Caribe, y las amenazas contra la soberanía de Panamá, México, Colombia, Cuba, y el territorio insular de Groenlandia.
En este marco, el espectro de los estudiantes y del pueblo panameño avanzando en 1964 con la enseña patria a lo profundo de la colonia en la ex zona del canal, enfrentando las balas del ejército norteamericano, y que fueron imágenes convertidas en inspiración mundial, constituye un hecho histórico de indudable vigencia en los tiempos que transcurren, signados por el ataque imperial. El 9 de Enero es una página gloriosa en la lucha de la humanidad contra la opresión.
El sacrificio patriótico de Ascanio Arosemena y de los mártires de Enero de 1964, debemos asumirlo en esta hora como un llamado a la unidad de las fuerzas patriotas, y redoblar la defensa de la soberanía nacional y la solidaridad con los pueblos del continente, cerrando fila contra las agresiones de Washington. La misión que nos plantean los Mártires del 9 de Enero es salvaguardar a toda costa nuestra independencia y control soberano del canal, y oponer a la doctrina Monroe y el colorario Trump, lo que es el carácter bolivariano (Bolívar), justino (Justo Arosemena) y martiano (Martí), de nuestra esencia panameña y latinoamericana.
El recuerdo de los sucesos de los días 9, 10 y 11 de enero de 1964, así como el homenaje a los mártires de la gloriosa epopeya anticolonial, exige hoy más que nunca, abordar la conmemoración con sentido de correspondencia a la situación actual de nuestro país y América Latina, identificada como el epicentro de la estrategia de fuerza de Estados Unidos, cuya elite representada en Trump, busca afrontar su declive hegemónico global mediante la sumisión del hemisferio occidental, a través de métodos de guerra híbrida, consistentes en la violencia militar, presiones económicas unilaterales y la intimidación psicológica, sobre todo, con miras a la dominación contra los estados de la cuenca del Caribe, al que EE. UU. considera su mar interno, como si fuese su zona de espacio vital para la primacía de sus intereses, emulando la doctrina expansionista de Hitler.
Desde finales de 2024, el dictador Donald Trump ha advertido a nuestro país con la posibilidad de un ataque militar, a fin de retomar el control del Canal e instrumentalizarlo de forma exclusiva según los intereses de EE. UU., desesperados ante el ascenso de China en la competencia internacional, y también por el avance de esquemas alternos de relacionamiento comercial multipolar de las naciones latinoamericanas. Así, la soberanía, independencia y autodeterminación, de las naciones, vienen a ser obstáculos al plan de acumulación originaria y expansión militar de Trump y EE. UU., hambrientos de petróleo venezolano, las riquezas minerales del continente y retomar al Canal de Panamá.
La ultraderecha de EE. UU. añora los tiempos de la otrora zona del canal, en donde ejercieron el control total de la administración de la vía acuática y establecieron el sistema de bases militares, todo lo cual fue erradicado por la lucha acumulada del pueblo panameño y el momento cenit, el 9 de enero de 1964, hecho histórico que ocupa un sitial en las principales luchas de liberación en la historia universal, y cuyo legado subyace en el cumplimiento de los Tratados Torrijos Carter, el subsiguiente traspaso del canal a manos panameñas y la retirada del complejo militar del Comando Sur de EE. UU., acaecida el 31 de diciembre de 1999.
Desde la reivindicación a los Mártires de Enero de 1964 y los caídos durante la nefasta invasión a Panamá, ocurrida el 20 de diciembre de 1989, recalcamos que el canal es panameño, a la vez que patentizamos una vez más nuestro rechazo al Memorándum de Entendimiento entre Trump y Mulino, por lesivo a la herencia liberadora de los Mártires, además, por violar la Constitución de la República de Panamá, siendo un acuerdo nunca sometido a consulta popular ni ratificación, y porque atenta contra la personalidad internacional del estado. Compete nacionalmente dejar sin efecto dicho acuerdo espurio. Declaramos nuestra solidaridad con los pueblos de América Latina, repudiamos los bombardeos a naves en el caribe, rechazamos la agresión militar gringa a Venezuela, deploramos el ilegal secuestro de líderes, y expresamos nuestra solidaridad al pueblo de Bolívar. Los jerarcas del imperio deben pagar por sus crímenes de lesa humanidad, agresión y demás delitos contra el derecho internacional público.
Panamá, 9 de enero de 2026