Por Jorge I. González
Abogado
La República Popular China, su cultura y la población de ascendencia china en el mundo, celebran desde el 17 de febrero de 2026, el llamado año del caballo, que en esta ocasión corresponde al año 4724 de vida de la gran nación de Asia. Históricamente, las tierras bañadas por los ríos Yangtsé y Amarillo ofrecieron las condiciones propicias para la sedentarización, a partir de la agricultura masiva, la cría intensa de animales, el surgimiento de un numeroso campesinado, el desarrollo del mercado, la formación de pueblos y ciudades, la aparición de las correspondientes expresiones culturales y en general, el florecimiento de la civilización china.
La cultura china es una de las más antiguas que existen, y a lo largo de la historia universal, su contribución ha sido crucial en todos los órdenes, por ejemplo, en la invención de la pólvora, el papel, el ábaco, la edificación de maravillas arquitectónicas como la Gran Muralla, trascendentales aportes al pensamiento filosófico y las religiones, como el taoísmo, budismo y confucionismo, además, el impulso histórico de China al comercio global mediante la antigua ruta de la seda, etc. Con sus casi 5000 años de civilización, la nación China se constituyó en uno de los polos fundamentales de la evolución social, llegando hoy a tener una población de más de 1400 millones de habitantes.
La relación entre nuestras dos naciones, China y Panamá, se erige en un vínculo de enorme relevancia, y como prueba, podemos mencionar los lazos culturales y económicos forjados de manera bilateral en los últimos 150 años, a partir de la migración china que participó en la construcción del ferrocarril transístmico, a mediados del siglo 19, en el posterior intento de Canal Francés, así como en la construcción del actual Canal de Panamá, a comienzos de siglo 20.
En estas obras, que marcaron el papel de Panamá en la economía mundial y la división internacional del trabajo, la migración china aportó una cuota de sacrificio, reflejado en los miles de trabajadores chinos que perdieron sus vidas en esas colosales obras.
A lo largo del siglo 20, la contribución china se amplió al campo cultural, reflejándose en el idioma (fiao, chen chen, etc.), la gastronomía local (mafá, dim sum, wantón, chow mein, etc.), la proliferación del comercio minorista (restaurantes, tiendas, ferreterías), y en el mestizaje de la población a consecuencia de los matrimonios mixtos. Así, genéticamente, la población panameña con algún grado de sangre china en sus venas se acerca al tercio del total de la misma.
El proceso sociológico de integración de la población china no se basó en relaciones de imposición colonial, ni en el uso de la fuerza, muy por el contrario, se fundamentó en un carácter pacífico. Incluso, en provincias como Bocas del Toro y Darién, la población local de origen chinos alcanza niveles muy significativos. Con su exhaustiva dedicación al comercio minorista, llegando a lugares recónditos de la geografía nacional, la migración china contribuyó al fortalecimiento del mercado interno y de esa forma, a la unidad del estado nación.
Las fuerzas externas que atentaron contra nuestra soberanía e integridad llegaron del norte, no del oriente.
Desde fines del siglo pasado y lo que va del siglo 21, el auge tecnológico y económico chino generado por el denominado socialismo con características propias, ha elevado la situación de China a potencia, y se ha robustecido la relación entre nuestros países, ramificándose a otros ámbitos como las comunicaciones, la producción eléctrica, inversión logística, además, las importaciones chinas a Panamá figuran entre nuestras principales fuentes de abastecimiento. La exportación de productos agropecuarios panameños a dicho país ha crecido con los años, y China se ha convertido en el segundo usuario del Canal.
En 2017, la República Popular China y la República de Panamá, formalizaron relaciones diplomáticas, con lo que Panamá se adhirió al principio de una sola China, con capital única en Pekín o Beijing. Se trata de una relación con potencial de contribuir a la diversificación de las fuerzas productivas panameñas y la transferencia científico-técnica, en la industria, la agricultura ura, la cibernética y la robótica, indispensable de cara a la complementación y superación del transitismo.
En las actuales circunstancias geo estratégicas del orbe, signadas por las presiones hegemonistas del norte global, las relaciones Chino-Panameñas se encuentran bajo fuerte presión del régimen norteamericano, y el estado panameño ha sido objeto de amenazas de agresión, incluso de tipo militar, contra el ejercicio soberano que asiste a Panamá, de tener relaciones con China y todos los países del mundo. Los apólogos de la doctrina Monroe desde Washington buscan colocar a Panamá en el centro de una confrontación, impropio a lo que debe ser nuestro rol de país neutral y promotor del multilateralismo, basado en los principios de autodeterminación nacional y cumplimiento del Derecho Internacional, de los que China es respetuoso.
Desde estas líneas hacemos votos por la preservación y profundización de las relaciones integrales entre nuestros dos países, con apego al derecho soberano que nos asiste, según lo establecido en nuestra Constitución Política y la Carta de las Naciones Unidas, y demás instrumentos del Derecho Internacional Público, de lo cual se desprende el imperativo ético de rechazar toda forma de injerencia externa que busque el quebrantamiento de los lazos entre China y Panamá.
Panamá, 19 de febrero de 2026.