Por: Gilberto Marulanda
La ruptura del orden constitucional en 1968 impulsó una serie de transformaciones
estructurales en la economía, las cuales se pueden sintetizar de la siguiente
manera:
∙Transición de paradigma: Se produce un cambio en el modelo económico,
desplazando el liberalismo clásico de “laissez-faire” hacia un enfoque
keynesiano. Aunque mantiene fundamentos liberales, este paradigma
promueve una intervención estatal estratégica para regular y dinamizar la
economía.
∙Estado empresario: El Estado asume un rol activo en la creación y
administración de empresas, rompiendo el monopolio del sector privado
sobre el capital y convirtiéndose en un actor económico determinante.
∙Desarrollo de infraestructura: El sector público se convierte en el principal
gestor de la infraestructura nacional, con el objetivo de integrar los centros
de producción con los mercados de consumo y optimizar la logística
comercial.
∙Fomento de la propiedad colectiva: Se otorga validez jurídica y apoyo
institucional a la propiedad colectiva, destacando el impulso a las
cooperativas y la consolidación de asentamientos campesinos como pilares
de desarrollo social.
∙Modernización agraria: El Estado interviene directamente en el sector
agropecuario, proporcionando tanto el financiamiento necesario como las
herramientas para la modernización técnica de la producción.
∙Fortalecimiento del sistema financiero: Se reestructura el sector mediante la
creación de un centro bancario moderno y la actualización de plataformas
de servicios offshore. Esta evolución responde a la nueva dinámica del
capital financiero global, posicionando al país como un refugio estratégico
para capitales provenientes de plazas como Londres y Nueva York
∙Institucionalización de la Planificación: El Estado asume un rol directriz
mediante la creación de instituciones técnicas, destacando la fundación del
Ministerio de Planificación y Política Económica.
∙Expansión del Sector Público: Se consolida como el principal empleador
nacional, llegando a absorber cerca del 35% de la fuerza laboral del país.
∙Estimulación de la Demanda Interna: A través de la generación de empleo
estatal, el Estado actúa como motor del consumo interno y dinamizador de
la economía.
∙Financiamiento mediante Deuda Externa: Para sustentar el desarrollo de
infraestructura y servicios, se incurre en un endeudamiento externo sin
precedentes, alineado con flujos de capital global atraídos por tasas de
interés competitivas.
∙Capital Humano y Especialización: Se prioriza la inversión en educación
superior y técnica para formar una clase profesional capaz de liderar el
aparato productivo.
∙Fomento a la Industrialización: Se implementan marcos legales de
incentivos fiscales y arancelarios para potenciar la producción industrial
nacional.
El golpe de estado de 1968 en Panamá marcó una transición estructural hacia un
modelo de Estado keynesiano, planificador y fuertemente interventor. Se
sustituyó el liberalismo clásico por una activa participación estatal que impulsó el
desarrollo de infraestructura, la modernización bancaria y la propiedad colectiva,
transformando al Estado en el principal empleador y motor de consumo, a costa
de una deuda externa sin precedentes y una reorientación productiva.
El autor es profesor de historia de la Universidad de Panana