Leyenda panameña.
Cuenta la historia que la Tepesa era una joven de gran belleza pero de corazón rebelde, que vivía en un pequeño pueblo del interior. Un Viernes Santo, ignorando todas las advertencias de sus padres y la solemnidad del día, decidió escaparse para encontrarse con un amor prohibido a orillas de un río.
Al llegar a la corriente, en lugar de encontrar a su amado, se topó con una figura sombría que la maldijo por profanar el día sagrado. En ese instante, su cuerpo comenzó a transformarse: su piel se volvió pálida y fría como la de un cadáver, su cabello se enredó con lianas y espinas, y sus pies se curvaron hacia atrás.
El Castigo Eterno:
Desde entonces, se dice que la Tepesa vaga por las riberas de los ríos y quebradas durante la medianoche de la Semana Mayor. Se le describe como una mujer de llanto desgarrador que lleva el rostro cubierto por su larga cabellera.
Lo más aterrador de su leyenda es su caminar: sus pies están invertidos, por lo que si intentas seguir sus huellas para ayudarla, en realidad te estarás alejando de ella, y si intentas huir de sus rastros, podrías terminar encontrándola de frente en la oscuridad del monte.
El Encuentro:
Los campesinos cuentan que la Tepesa se aparece especialmente a los hombres trasnochadores o a quienes se atreven a pescar en Viernes Santo. Su grito no es un lamento común, sino un chillido agudo que hiela la sangre y que se confunde con el viento entre los árboles.