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Un threesome universitario

Desde hace algunos años se viene hablando del cambio climático y sus efectos en el medio ambiente… Los efectos de este cambio ya se ven en el mundo entero. De pronto estás en Calle 50 y cae una lluvia de la nada, mientras a solo cinco kilómetros hace un sol de verano.

En uno de esos días, me tocó esperar en una cafetería de la Vía España a que menguara la lluvia. En eso, veo a una mujer de unos 22 o 25 años con un pantalón de hacer ejercicio muy ceñido, por lo que el cameltoe saltaba a la vista. El cafetín utilizaba un sistema de música de ambiente… Mientras sonaba una balada, empecé a recordar una de las anécdotas más atrevidas que he tenido.

El evento sucedió hace algunos años en un día lluvioso, cuando yo estaba cursando mis últimas materias de la licenciatura. Como era costumbre, entré a comprar un menú estudiantil en la facultad; resultó que por alguna razón no estaba abierta la cafetería. Según me contaba Renata, mi compañera de clase, quien se encontraba con Valentina —una chica que estaba en una especie de intercambio estudiantil de España—, el lugar no abriría ese día.

Me invitaron a comer pizza a su departamento, de una que les había quedado del día anterior. Se hospedaban en un edificio que estaba a cinco minutos de la universidad, por lo que decidí aceptar. Comimos y conversamos un poco; en medio de la tertulia, la española nos brindó unas gomitas que tenía en su mochila. Yo le pregunté si no era algo ilegal y ella dijo que no.

Los dulces estaban muy ricos… Lo que Renata y yo desconocíamos era que nos había dado Sex Gummies. El sabor era dulce y ácido, como a frambuesa. Casi de inmediato, Valentina abrió una botella de vino y empezamos a tomar. No sé si fue el vino o las gomitas, pero no podía quitarle la mirada al cameltoe de Valentina. La besé y le mordí suavemente el labio inferior, lo que la hizo soltar un gemido.

Mientras nos besábamos, Renata acariciaba mi entrepierna, lo que me excitó más de lo que ya estaba. Valentina se bajó los leggings y pude apreciar su cameltoe, perfectamente depilado y brillando por una humedad natural. El roce de su entrada contra mi piel fue como un corrientazo eléctrico.

Renata se unió a la fiesta sin previo aviso… Nos besamos los tres. Mis manos no daban abasto: una apretaba la cintura de Valentina, incitándola a bajar, mientras la otra se perdía entre los muslos de Renata, encontrándola igual de lista e igual de empapada. La española me decía cosas al oído, mordiéndome el lóbulo con una fuerza que me hizo ver estrellas. El placer era tanto que me olvidé de todo; solo existían ellas dos y yo

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