Durante la temporada navideña me tomé el tiempo de revisitar varias películas, con la intención de observar cómo han envejecido con el paso de los años y qué dicen hoy, lejos de su contexto de estreno.
La primera en la lista fue Sleepy Hollow (1999), dirigida por Tim Burton y protagonizada por Johnny Depp y Christina Ricci, una obra clave dentro de la filmografía del director y de su etapa más claramente gótica.
La película está basada en el célebre cuento de Washington Irving de 1820, La leyenda de Sleepy Hollow, aunque Burton lo reinterpreta desde una estética oscura y barroca, más cercana al cine de terror clásico que al relato folklórico original.
Argumento
Nueva York, 1799. Ichabod Crane (Johnny Depp), un policía racional y defensor de la ciencia, descubre un cadáver hinchado en el río Hudson. Convencido de que la verdad se encuentra en la observación y el método, Crane propone realizar una autopsia para determinar si hubo un crimen. Sus superiores, sin embargo, desprecian sus procedimientos modernos y lo consideran una amenaza al orden establecido.
En la visión de Burton, Ichabod Crane es un alguacil obediente pero excéntrico, armado con instrumentos avanzados y métodos poco ortodoxos. Su fe en la razón será puesta a prueba cuando es enviado a la remota aldea de Sleepy Hollow para investigar una serie de misteriosos asesinatos atribuidos a una figura legendaria: el Jinete sin Cabeza.
A su llegada, Ichabod queda cautivado por Katrina Van Tassel (Christina Ricci), hija de la familia más adinerada del pueblo. Pronto se ve envuelto en una tensión romántica al competir por su atención con Brom Van Brunt (Casper Van Dien), todo bajo la atenta mirada de los padres de Katrina, Baltus Van Tassel (Michael Gambon) y Lady Van Tassel (Miranda Richardson), figuras clave dentro del entramado moral y social del relato.
En lo personal, Sleepy Hollow ha envejecido notablemente bien a 26 años de su estreno. Su cuidada dirección artística, la fotografía expresionista y la atmósfera opresiva siguen funcionando con fuerza, confirmando que Burton, en su mejor momento, supo crear un clásico moderno que resiste el paso del tiempo.