El uso indebido de credenciales y los accesos de terceros representan riesgos para la información confidencial, incluso cuando las organizaciones cuentan con barreras de seguridad.
Una empresa puede contar con sistemas avanzados de ciberseguridad para proteger sus redes, correos electrónicos y dispositivos y, aun así, mantener expuesta su información más sensible. El riesgo no siempre proviene de un atacante externo: también puede surgir cuando una cuenta con permisos legítimos es comprometida o utilizada indebidamente para consultar, modificar o extraer datos confidenciales.
Según el Informe de Investigaciones de Filtraciones de Datos 2025, el 22% de las filtraciones analizadas con una vía inicial de acceso identificada involucró el uso indebido de credenciales, mientras que la participación de terceros en las filtraciones alcanzó el 30%, el doble de la proporción registrada el año anterior.
Estas cifras evidencian la importancia de supervisar no solo quién ingresa a los sistemas, sino también qué sucede con la información una vez que se obtiene acceso. Un desafío especialmente relevante para organizaciones de Panamá que administran datos financieros, personales y comerciales.

“Durante años, la ciberseguridad se ha concentrado en impedir accesos no autorizados. Sin embargo, una contraseña válida no garantiza que las actividades dentro de una base de datos sean seguras. Las empresas necesitan saber quién accede a su información crítica, qué hace con ella y si ese comportamiento representa un riesgo”, explica Alonso Ramírez, gerente Regional de Ciberseguridad en GBM.
Inteligencia artificial para detectar riesgos dentro de las empresas
Para enfrentar este desafío, existen soluciones especializadas como IBM Guardium Data Protection, que permiten supervisar directamente la actividad en bases de datos y otros repositorios compatibles, donde se almacena y procesa información crítica.
La tecnología facilita el descubrimiento y clasificación de datos sensibles, incluso aquellos que pueden encontrarse fuera de los inventarios habituales de una organización. Además, monitorea los accesos y operaciones realizadas sobre la información, utilizando capacidades de inteligencia artificial y análisis de comportamiento para identificar actividades sospechosas.
Por ejemplo, puede detectar consultas inusuales, intentos de extracción masiva de registros, posibles abusos de privilegios o intentos de manipular bases de datos mediante técnicas como la inyección SQL, técnica utilizada por ciberdelincuentes para introducir instrucciones maliciosas en las consultas a una base de datos, con el objetivo de acceder a información confidencial, modificar registros o incluso eliminar datos sin autorización.
Dependiendo de su configuración, estas soluciones permiten generar alertas, apoyar la aplicación de controles de acceso y utilizar mecanismos de enmascaramiento para limitar la exposición de información confidencial, como números de identificación o cuentas bancarias.
“Uno de los mayores riesgos es asumir que un usuario autorizado siempre realiza actividades legítimas. Una cuenta comprometida puede pasar inadvertida si únicamente se verifica que el acceso sea válido. Por eso, analizar el comportamiento de los usuarios y detectar operaciones inusuales es fundamental para anticipar posibles incidentes”, señala Ramírez de GBM.
El impacto económico de una filtración de datos
Las consecuencias de un incidente de seguridad van más allá de la exposición de información. También pueden generar interrupciones operativas, costos de recuperación y pérdida de confianza de clientes y aliados.
De acuerdo con el Cost of a Data Breach Report 2025 de IBM, el costo promedio mundial de una filtración de datos alcanzó los US$4,44 millones. El estudio también encontró que las organizaciones que detectaron internamente sus filtraciones registraron costos aproximadamente US$900.000 menores que aquellas cuyos incidentes fueron revelados por un atacante.
Aunque estos resultados corresponden a una investigación internacional, reflejan el valor de contar con mecanismos de detección temprana y respuesta oportuna.
Protección de datos y cumplimiento normativo
Además de prevenir incidentes, las organizaciones deben mantener controles y registros confiables sobre el uso de su información. En Panamá la Ley 81 de 2019 establece disposiciones sobre protección de datos personales.
A estos marcos se suman estándares internacionales como PCI DSS, relacionado con la seguridad de los datos de tarjetas de pago, y regulaciones como el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (GDPR), cuya aplicación depende de las operaciones de cada organización. En este ámbito, IBM Guardium Data Protection facilita el monitoreo continuo, la documentación de controles y la generación de reportes que apoyan los procesos de auditoría y cumplimiento, sin sustituir las obligaciones legales de las empresas.
“Proteger la información no consiste únicamente en impedir que alguien ingrese a los sistemas, sino en mantener visibilidad sobre cómo se utilizan los datos. La supervisión continua permite detectar amenazas, investigar incidentes y contar con evidencia para las auditorías, fortaleciendo tanto la seguridad como la confianza de los clientes”, agrega el experto.
Para las organizaciones de Panamá, fortalecer la protección directamente en las bases de datos representa un paso importante hacia una estrategia de ciberseguridad más integral, capaz de reducir riesgos internos, proteger la continuidad operativa y resguardar la información confidencial.
La seguridad no termina cuando un usuario logra ingresar a un sistema: también depende de lo que hace con los datos una vez que está dentro.
