Sin ataduras ni juzgamientos: El deseo al descubierto
La otra noche, haciendo zapping, me topé en la parrilla nocturna con la serie Sex and the City (Sexo en Nueva York), un programa sumamente popular entre 1998 y 2004.
La premisa contaba la historia de un cuarteto de solteras e independientes en Nueva York: Carrie Bradshaw, Samantha Jones, Charlotte York y Miranda Hobbes, quienes intercambiaban vivencias sobre el sexo, el amor y los retos de ser mujeres profesionales.
Al volver a verla, me di cuenta de que Carrie era, en cierta forma, una «migajera» en el amor. Se pasó prácticamente toda la serie esperando a que Mr. Big la eligiera, algo que realmente nunca sucedió en sus propios términos.
Por su parte, Samantha disfrutaba del amor libre y actuaba de forma similar a lo que socialmente se le atribuía a un hombre picaflor o mujeriego. Lo paradójico es lo difícil que suele ser para una mujer tener aventuras o sexo sin compromiso sin ser juzgada.
Existen muchas personas que desean echar una cana al aire o tener una aventura de vez en cuando sin ataduras, pero que no se atreven por el qué dirán. En mi experiencia, una conversación casual puede terminar en una noche de pasión o incluso en una aventura de varios años.
Les pongo un ejemplo: una vecina (a la que llamaremos Andrea). Una tarde, lo que comenzó como el clásico saludo de «hola, ¿cómo estás?», terminó en una cita en un hotel días más tarde. Ella jamás dejará a su esposo, pero le gusta «variar el menú» de vez en cuando. De hecho, me confesó que le llamaba la atención desde hacía tiempo, pero que no se atrevía a seducirme.
Al final, no se debe juzgar a las personas que se atreven a vivir un encuentro íntimo sin compromisos.
