¡Cuando la que rompió el corazón te pide un consejo!

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El Caballero sin memoria
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Cuando tenía 14 años, creo que estaba asistía y colaboraba en la Iglesia, conocí a un señor como de 40 años, recuerdo ese pasaje porque me dijo que era “ateo”.

Como era creyente, la declaración de ese sujeto me molestó. Sin pensarlo lo cuestioné sobre esa aseveración que iba en contra de todo lo que yo pensaba.

Él se limitó a decirme “soy ateo por convicción, no por desencanto”. Mi respuesta cuál es la diferencia.

Se sonrió y dijo “El mundo está lleno de casualidades. Alguien tiene un problema, acude a Dios y si este no lo ayuda, deja de creer en él”.

Lo más curioso es que seguí frecuentando al tipo que decía que era ateo por su enorme biblioteca. Entre sus libros tenía a Mario Benedetti y Pablo Neruda.

Un día encontré un cuaderno de versos, entonces me pregunté ¿cómo un ateo cree en el amor, si ninguna de los dos se ve o se puede tocar?.

Se podría decir que el sujeto, no creyente, me enseñó a disfrutar la poesía. Por si fuera poco, me críe entre veinticinco mujeres, lo que me sirvió para saber que si una mujer te habla, no quiere decir que guste o quiera algo contigo. No sé cuantas películas románticas vi en esa época -ya que la mayoría mandaba-.

La vida está llena de ironías… Hace algunas semanas una mujer que me rompió el corazón literal, se acercó a mí para pedirme consejo, ya de según ella sostenía una relación desde hace años que no funcionaba.

“Eres mi mejor amigo. Te he extrañado mucho. Me haces falta”. Y bla, bla, bla, toda esa retórica que se usa en esos casos.

Todo esto ocurre en medio de un mar de personas que caminan por Vía Argentina.

Empiezo a caminar, ella me toma del brazo y camina junto a mí explicándome toda la situación.

Tengo un flashback  sobre cuando compre un anillo de compromiso y mande al demonio todo por ella.

Recuerdo como una mañana de abril después de haber ensayado todo lo que iba a decir. La mujercita me dijo inmaduro, soñador y demás defectos habidos y por haber.

Sé que a veces puedo parecer un cínico o insensible, pero una de las cosas que aprendí en la vida fue a decir no más y no prolongar el dolor. Para mí si sentiste algo de amor por una persona, por respeto debes ser sincero, no creo en eso de no quiero hacerte sufrir.

Antes de que siguiera diciendo todas las cosas buenas que tengo y que ella extraña -que fue por lo que me dejó-, la mire a los ojos y le dije:

“Dile la verdad que no sientes nada por él”, lo más probable es que te diga que no podrá vivir sin ti, cosa que ustedes las mujeres detestan.

Aparte su brazo cruce la calle y la deje allí sin mirar atrás.

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