El bombero precoz

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Por: Lilith

La población de solteros está de fiesta, ya hay fecha de caducidad, nuestra libertad está cerca.  Los que durante siete meses estuvimos invernando en cuevas y sobreviviendo a punta de pajas mentales o virtuales, vemos la luz al final del túnel.

Creo que coincidimos en asegurar que no serán los bares, cantinas y restaurantes los más frecuentados– no señores –  serán  los push, hoteles, pensiones y cuanto lugar clandestino [matorral, parques, plazas, callejones, veredas, árboles etc.] los sitios ideales para coger.

Vemos como algunos hombres están como desesperados, tirando a matar a todo lo que se mueve.

“Ven a mi casa”, “No te había visto bien pero te ves rica”, “Te deseo” “quiero cogerte”, “quiero montarte”, “mándame una foto encuera”, “sé que nos acabamos de conocer, pero cojamos” etc. Etc. Etc…

La desesperación  es un detalle pequeño en comparación al riesgo de perder la virginidad de siete meses en menos de diez minutos, con la necesidad de ‘cuca’ que tienen algunos, capaz eyaculan tan veloz como corre, ‘Speedy González’.

Pensar en esto me hace recordar lo que me contó una amiga, cuando hace dos meses atrás, decidió aventurarse en busca de un ‘bombero sexy’ que conoció en una red social. Luego de muchas conversaciones íntimas, ambos llegaron a la conclusión que debían verse. Ya no bastaba el masturbarse por video llamada, ¡No!, debían conocerse.

Permítanme un momento recordar – ¿uno, dos, cinco minutos? –  creo que fueron siete minutos que duró el chico con su ‘pito’ dentro de mi amiga. ¿Cómo ocurrió? Bueno, les cuento.

Ambos estaban conscientes que las circunstancias daban solo para 2 horas, “1 hora para coger y otra para regresar”, decía mi amiga mientras pensaba en las muchas poses que haría para degustar el cuerpo atlético de él, pero… ocurrió todo lo contrario.

Los besos y las caricias dentro del automóvil, los calentaron tanto que no alcanzaron a llegar a la casa del caballero, por lo que la parte posterior del automóvil pareció un palacio.

Las manos del ‘apaga fuego’ subían y bajaban por los muslos y las nalgas de mi amiga. El  atlético quitó los short de ella y comenzó a manosear su ‘vagina’ lo que alimentó su excitación.

La tocaba sin dejar por un minuto de besarla con vehemencia. Luego de un rato su blusa y su brasier corrieron el mismo destino que la pieza anterior.

Luego de muchos besos en las tetas, el bombero decidió presentarle su ‘polla’, la que dicho sea de paso ella la calificó como un perfecto diez (10), “Lilith era grande y gruesa como me gustan”.   

El tiempo pasaba y las emociones se calentaban cada vez más,  hasta que al fin  llegó el momento de la penetración. Mientras el ‘pito’ se iba abriendo paso por la cavidad femenina, ella alimentaba su  placer pensando en las cabalgatas que haría.

Pero…

 “Solo logré disfrutarla uno, dos, siete minutos creo. El muy ¡HP! comenzó a gritar como un enfermo mental, a rasguñar el techo de su auto, a sudar, a temblar, creí que algo le estaba pasando porque sabes, amiga, parecía un ataque epiléptico, gritaba y gritaba. Le pregunté asustada que si estaba bien y el muy INFELIZ sonrió y me dijo: “muy rico mami, uff”. Fue entonces cuando me di cuenta que el muy DESGRACIADO se había corrido. Te imaginas la RABIA que tenía, estaba ARRECHA todavía”, narró muy frustrada mi amiga, “tanto arriesgarme para nada, ni la mota me mamó”, continuó expresando muy molesta.

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