El insistente

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Por: Lilith

Muchos de los que apenas me conocen me preguntan ¿qué significa Lilith? La mitología hebrea cuenta que  Lilith es mujer y a la vez un demonio; “el demonio del deseo, Lilith es la mujer insumisa”.

¿Por qué tus padres te pusieron este nombre?, me cuestionan, no lo sé, nunca les he preguntado.

En fin…

Les cuento que hace algunos días estando recostada en la hamaca de mi casa me acordé de un penoso incidente que tuve con un enamorado. El joven de esta historia estuvo pidiendo salir conmigo y sin caer en exageración, por más de 365 días.

Raúl de 34 años es un chico alto, de muy buen parecer. Trabaja en un banco de la localidad, soltero y la conclusión es que es un buen prospecto para muchas, más yo solo podía ofrecerle mi valiosa amistad.

Él buscaba algo más, algo que jamás le daría pues reconozco que tal como a la Lilith original, estoy enamorada de mi libertad, disfruto de mi soltería, me siento completa con las casualidades sexuales.

Sin embargo, era tanta la insistencia que acepté la salida. Fue en todo momento un caballero y debo ser justa al señalar que me trató como una reina. Bebimos más de la cuenta y quedamos besándonos en su carro último modelo, ustedes de seguro dirán que lo estábamos ‘salándolo’, yo pienso que lo estábamos aprovechando.  

Lo cierto es que de los besos pasamos a las caricias extremadamente apasionadas. Fue en este punto cuando todo se descontroló y  sugerí que fuéramos a su departamento.

Creo que en cada piso mientras subíamos por el ascensor nos besamos y acariciamos, llegó un momento en que no nos importaba que las cámaras del edificio nos captaran, la pasión era más fuerte.

Él no dejaba de oler y acariciar con delirio mi cabello. Una y otra vez seguía diciendo lo mucho que había esperado este momento.

Confieso… Me valían ‘tres gorros’ lo que decía. De él, solo buscaba una noche de sexo, licor y mucha diversión.

Llegamos a la puerta de su departamento entre risas y ebriedad, él trataba de meter la llave en el cerrojo, mientras yo no dejaba de tocar su ‘miembro’ sobre su pantalón, lo que ocasionaba que se desconcentrara aún más. Al fin entramos como dementes al apartamento, los besos continuaban, los manoseos no disminuían, los arrumes eran más intensos hasta que llegamos al sofá.

Caímos en el sillón doblegados por el deseo alocado, quitó mi blusa dejando al descubierto mi brasier rojo vino y al cabo de unos largos minutos de roce  hice una pausa, levantándome del sillón con una sonrisa coqueta arqueada en mi rostro y él sentado en el sofá, solté mi sostén frente a su cara, dándole libertad a mis grandes pechos.

Sus ojos se abrieron de asombros al mirar que me aproximaba a él. El sobre mí,  tomó mis pechos con sus manos y comenzó besar. El éxtasis se apoderó de mi cuerpo, solo el placer reinaba para ambos pero… a los pocos minutos de estar en este juego con mis senos en su boca, sentía a Raúl sumergido en un deleite profundo, sus gemidos se incrementaron más y más, desde luego que comencé a inquietarme.

Antes de que pudiera decir ‘serénate bebe’ y tras un grito de su parte, terminó en sus pantalones.

Y heme ahí, mirando para él techo, con la mitad de mi ropa puesta aún y él con todo el uniforme de su trabajo puesto, pensaba… ¡Qué carajo acaba de pasar! ¿En serio terminó?

“Lo siento Lilith, perdóname, es que te tenía muchas ganas, no me aguante” justificaba mientras yo no dejaba de frotar mis manos por mi rostro, “en la segunda tanda estaré mejor”, pero yo no podía reaccionar, estaba ahí caliente, insatisfecha, pensando en la ‘inmortalidad del cangrejo precoz’.

“No habrá una segunda tanda, bebe” al fin reaccioné. Escondí mis pechos tras ponerme el brasier rojo vino y me fui de su casa, para nunca más volver.

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