“Eres el premio papacito”

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El Caballero sin memoria
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Luego de pasar todo el día en la calle, regrese a casa a eso de las 11 y tanto de la noche.

Desde que metí la llave en la cerradura sentí un olor como a vainilla y canela… Esto me llamó la atención, al encender la luz percibí que algo había pasado, todo tenía un orden diferente. Voy al cuarto, mientras me desvisto me doy cuenta de que alguien me lavó la ropa -esto es un signo de alarma-.

Entre al baño y tenía un olor a lavanda, me fijo en la cocina, en la nevera veo una nota.

“Te dejé preparada lasaña de carne. Disfrútala cariño”. Reconozco la letra, en eso recuerdo que hace algún tiempo deje una llave metida en un macetero, por cualquier cosa. Al abrir la nevera veo la pasta mencionada y un six pac de cerveza Corona.

Hace como 2 años estaba enamorado de la persona equivocada… Una mujer que solo quería pasar un buen rato y me vendió la idea de otra cosa -eso supongo-, hizo que me centrara en una sola relación -cosa que no tenía con ella-.

Tener una relación abierta o de solo sexo no está mal, solo que se debe hablar claro y no andar con rodeos, si no haces esto alguien sale lastimado.

Retomando el hilo: En ese momento le dije con sinceridad -muy sincero- que no podíamos seguir con nuestra relación de amigos con derecho porque estaba en una relación.

Aún recuerdo como rompió en llanto, un llanto silencioso, algo muy incómodo.

Ella siempre estuvo para mí incondicionalmente, fue duro para mí, era mejor decirle la verdad a que se diera cuenta con la frialdad. La frialdad de un ser querido es algo cruel.

El allananiento de morada del cual fui víctima me puso a pensar muchas cosas.

No es que no disfrute de compañía, es que en este momento de mi vida prefiero dedicarme a aprovechar el tiempo en leer un libro, escribir, ver una película u otra cosa.

Tengo una vecina, creo que debe tener como 28 años máximo, con medidas 90-60-90, siempre bromeamos y eso cuando nos encontramos en el parque haciendo ejercicio. Una mañana una muchacha me buscó conversación, la verdad es que ni recuerdo porque no le presté atención.

Mi vecina, la 90-60-90, me comentó que la chica estaba preguntando por mí. “Vecino, usted no se da cuenta de que se lo quieren comer”. Yo solo sonreí y cambié el tema drásticamente.

Al terminar la rutina de ejercicio le pregunto ¿oiga no se le antoja una taza de café?. Sí… Al llegar a mi casa le serví un café negro cargado…

Después de unos minutos de conversación le dije que me tenía que ir. Ella solo se sonrió y en broma y en serio me dijo. De verdad que solo era la taza de café, mínimo me esperaba que me besaras.

“Usted vecino tiene muchas de donde elegir, la cosa es que no se decide. Es el premio papacito”

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