En el marco del Mes del Ambiente y frente a un panorama global de incertidumbre energética, la calidad del suministro eléctrico se ha consolidado como un factor crítico para la supervivencia y competitividad de las empresas. Centroamérica se enfrenta hoy a un doble desafío: la adaptación climática ante fenómenos como El Niño, que puede reducir el volumen de agua disponible para la generación hidroeléctrica; y la volatilidad de los mercados internacionales de combustibles fósiles acentuada por conflictos geopolíticos en puntos estratégicos como el Estrecho de Ormuz.

De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), las temperaturas de la superficie del mar están aumentando rápidamente, lo que sugiere que, ya entre los meses de mayo y julio de este año, es probable que vuelvan a darse condiciones propias de un episodiodeElNiño. El último evento de este tipo, que finalizó a mediados de 2024 en el continente americano, provocó inundaciones, pérdidas de cosechas, olas de calor y sequías en todo el continente. En Centroamérica, otro de los efectos adversos fue la reducción en los niveles de los embalses para generación de energía hidroeléctrica que, de acuerdo con el Ente Operador Regional (EOR), entre julio y diciembre de 2023 aportó 59,7% de la matriz energética.
Por otro lado, y de acuerdo con la Energy Information Administration (EIA), alrededor de una quinta parte de las exportaciones mundiales de petróleo crudo se mueve por mar y pasa por el Estrecho de Ormuz. En este escenario doblemente desafiante, tanto desde el punto de vista ambiental como geopolítico, la eficiencia no es solo una opción para las industrias, sino una necesidad para asegurar que el recurso energético disponible sea aprovechado al máximo, sin desperdicios ni riesgos.
“En un contexto donde las empresas enfrentan mayores costos energéticos y una creciente presión por cumplir metas ambientales, garantizar energía de calidad ya no es un tema técnico: es una decisión estratégica para la continuidad del negocio”, señala Lady Campos, gerente de Nuevos Negocios para Centroamérica de Schneider Electric. “La mala calidad de la energía, con subidas y bajadas bruscas del voltaje por ejemplo, origina pérdidas globales anuales de hasta 300 mil millones de dólares. Para las organizaciones, el riesgo es inminente: entre el 30% y el 40% de las fallas intempestivas en los equipos están relacionadas con la calidad energética, y una interrupción de apenas 0,1 segundos puede ser tan costosa como un apagón de una hora”.
Dadas las circunstancias, es importante que las industrias cuenten con una solución tecnológica que les permita combinar la automatización de los procesos con un uso energético inteligente. Esto permitirá que organizaciones, industrias y empresas de todo tipo puedan obtener:
- Eficiencia energética: para pagar solo por lo que realmente se usa. Muchas veces, las industrias desperdician energía que no produce trabajo real pero que las empresas eléctricas sí cobran como penalizaciones en la factura (lo que técnicamente se llama potencia reactiva). Al usar equipos con inteligencia artificial (IA) se elimina ese desperdicio y se evita que los cables eléctricos se sobrecalienten innecesariamente. Esto permite que las empresas paguen únicamente por la energía que genera valor para su operación, evitando consumos innecesarios que incrementan los costos.
- Mitigación de riesgos: ciertas tecnologías ayudan a eliminar las interferencias o ruidos eléctricos que generan las computadoras y los grandes motores, y que suelen causar que la maquinaria falle o se queme antes de tiempo. Al estabilizar el flujo eléctrico, estos sistemas actúan como un seguro de vida en el caso de los equipos más costosos, logrando que funcionen de forma estable y duren muchos más años.
- Sostenibilidad y monitoreo: bajo la premisa de que no se puede controlar lo que no se mide, es aconsejable tener medidores de alta precisión que funcionan como el tablero de un automóvil moderno, mostrando en tiempo real cuánta energía se consume y dónde hay fallas. Esta visibilidad permite al personal a cargo tomar decisiones rápidas basadas en datos reales para reducir el consumo y la contaminación, asegurando que la empresa cumpla con sus metas ambientales mientras ahorra dinero.
“Al optimizar el consumo y reducir los residuos energéticos, las empresas no solo protegen su rentabilidad ante el aumento de costos de los combustibles, sino que también contribuyen directamente a los objetivos de descarbonización de la región y del mundo”, explica Campos.
Y concluye: “las empresas que logren integrar eficiencia energética, digitalización y automatización estarán mejor preparadas para enfrentar escenarios de incertidumbre climática y volatilidad energética. Desde Schneider Electric trabajamos para ayudar a las organizaciones a fortalecer su resiliencia operativa, optimizar el uso de la energía y avanzar en sus objetivos de sostenibilidad mediante soluciones que combinan innovación tecnológica e inteligencia energética”.