La Casa de la Municipalidad cumple tres décadas al servicio del protocolo municipal

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“Esta secular mansión bellamente restaurada, luego del saqueo de que fue objeto durante los sucesos de diciembre de 1989, continuará como atalaya protocolar del Municipio de Panamá y sede de eventos culturales destinados a exaltar la nacionalidad…”.

Así reza el prólogo que distinguió el acto de reinauguración de la que fuera la antigua Mansión Arias-Feraud el 30 de abril de 1993, hace hoy 30 años.

Narran los testigos que durante el saqueo, la delincuencia exacerbada por la invasión de Estados Unidos el 20 de diciembre, ingresaron en tropel, arrancaron piezas de hierro repujado de los balcones, molduras, tejas francesas, cortinas, mobiliario antiguo, lámparas de cristal de Murano y mosaicos de mármol de Carrara.

A su paso, vandalizaron lo que no pudieron llevar: ventanas, cielos rasos, pisos de caoba, los sellos de las puertas, la entrada al sótano y hasta paredes.

Aquella Puerta de Tierra

Este monumento destaca entre los bienes patrimoniales del Municipio de Panamá dado su valor histórico incalculable, pues ese solar adquirido en 1856 dejó vestigios de la fortificación que rodeaba la urbe a la que se tenía acceso a través de la Puerta de Tierra.

Sucede que el efecto aleccionador del ataque del pirata inglés Henry Morgan a Panamá la Vieja en 1671, se produjo un emplazamiento defensivo hacia el llamado ‘Sitio Ancón’ en enero de 1673.

El presidente de la Real Audiencia de Panamá, don Alonso Mercado y Villacorta, decidió amurallar la nueva urbe en 1675.

Así, la clase privilegiada se resguardó tras un muro rematado por una entrada con un pequeño campanario que alertaba de presencias amenazadoras, avisaba de los cambios de guardia y del cierre de la entrada.

A las nueve de la noche terminaba el tránsito hacia las afueras y daba inicio el toque de queda, cerrando el acceso que se hacía a través de un puente levadizo de madera sobre un foso, todo un escenario medieval.  

El muro guardaba espacio para una fusilería defensiva y se apoyaba en dos cañones a cada lado de la entrada.

‘La Puerta’ contaba con un fortín con fachada de piedra labrada con cuatro medias columnas, techo de dos aguas y un frontón abierto ubicado en el paño comprendido entre los baluartes Mano de Tigre y Barlovento, próximo a la Iglesia de la Merced.

Hasta mediados del siglo XIX, la Puerta de Tierra fue un tramo del frente terrestre por donde se traspasaban las defensas de la ciudad amurallada hacia sus afueras, un caserío llamado el Arrabal.

De la Mansión Arias-Feraud…

A 25 años de su demolición, en 1881, un lote en calle 10 y la Avenida Central, doña Elida Diez de Arias y su esposo Ramón Arias-Feraud construyeron una hermosa casa, separada de la calle frontal con jardín y una cerca, un estilo europeo y estadounidense, pero una novedad en Panamá.

En la planta baja se ubicó la sala, el comedor y despacho, mientras que los dormitorios con amplios balcones se instalaron en la planta alta.

Hacia su parte posterior, un ala para el personal de servicio quedó frente a un amplio patio con pórtico y cochera para guardar los carruajes.

Durante largo tiempo fue habitada por doña Ana Lucrecia Arias de Andreve, nieta de Ramón Arias-Feraud, quien la heredó de su tía Dolores Arias-Feraud, rememora en su escrito la periodista Thalia S. Morales de La Prensa.

Ya en 1926, Leonardo Villanueva Meyer había emprendido el desafío devolver el garbo y lustre a tan bella estructura introduciendo un estilo neorrenacentista.

Villanueva Meyer, de origen peruano, egresado de la Escuela de Artes y Oficios de Lima se radicó en Panamá donde fue reconocido como uno de los primeros y prominentes arquitectos, destrezas que compartió como docente en el Colegio Artes y Oficios de Panamá.

Durante la administración de Belisario Porras tuvo a su cargo el remozamiento emblemas como el Palacio de las Garzas, la Plaza de Francia y la Plaza de San Francisco.

En su rediseño las fachadas originales de la residencia Arias-Feraud resultaron notablemente distintas al aportar un estilo más cosmopolita que el original: balcones de metal, pisos de mosaicos, concreto y columnas estilo corintio llegaron para sustituir materiales como madera, piedra y yeso.

…a la Casa de la Municipalidad

En 1979, durante la administración del presidente Aristides Royo con el Dr. Roberto Velásquez como alcalde del Distrito, se adquirió la mansión cuya primera renovación fue asignada a la arquitecta y restauradora panameña, Marcela Toral en 1981.

Ese año, una prospección de la arqueóloga panameña, Beatriz Rovira, reveló los restos de la ‘Puerta de Tierra’, hoy visibles bajo una cubierta acrílica, única ventana por la que se asoma la gente a echar una mirada al pasado.

“Si la Casa de la Municipalidad pudiese contarnos su historia, nos hablaría del progreso de la arquitectura desde su construcción en 1881, sobre lo que fue la muralla de la Ciudad de Panamá”, dijo en ocasión a su más reciente restauración la arquitecta Melba Lorena Olivo.

La arquitectura bellamente inspirada en los diseños neoclásicos se nutrió con frisos, ménsulas, balaustres, pilastras, paredes de caoba y amarillo imperial, salas revestidas de mármol y azulejos importados.

El reciente ‘gran rescate’ se dio durante la gestión de Guillermo Endara como presidente de la República y la alcaldesa, Mayín Correa en 1993.

El 8 de septiembre de 1918, bajo la administración de José Blandón, se culminaron los trabajos de un remozamiento completo.

Reavivó el esplendor Del Salón Protocolar, la Galería de Alcaldes, el Despacho Superior, balcones, mobiliario, vitrinas que fueron recuperadas del saqueo y el Patio Señorial cuyas pérgolas son invadidas de color por las veraneras en cada florecer llenando de vida la propiedad. La historia oficial no menciona el túnel ya clausurado, al que se ingresaba por una puerta bajo la escalera principal con un supuesto destino al Arrabal ni el pozo brocal con mecanismo de noria que dice, aún surte agua.

A 142 años de su construcción, 97 de su primera remodelación, 30 de su rescate post invasión y 13 de su remozamiento, la Casa de la Municipalidad en constante mantenimiento, permanece en la gestión de José Luis Fábrega como un símbolo incólume de esa panameñidad, imbatible en el tiempo.

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