El Palacio de Gobierno se vistió de gala este domingo para recibir a decenas de familias panameñas en una celebración de Pascua que trascendió lo religioso para enfocarse en la redención humana. Bajo el concepto de las “segundas oportunidades”, el Ministerio de Gobierno abrió sus puertas en una jornada donde los verdaderos protagonistas no fueron las autoridades, sino los hombres y mujeres que, desde los centros penitenciarios, trabajan por reintegrarse a la sociedad a través del esfuerzo y el arte.
La ministra de Gobierno, Dinoska Montalvo, enfatizó que la actividad nació de la propia iniciativa de los privados de libertad. “Ellos se inventan sus temporadas y lo que quieren hacer; nosotros solamente apoyamos para que puedan seguir adelante”, comentó Montalvo, subrayando la importancia de estos espacios de convivencia familiar tras los retos que ha enfrentado el país en los últimos tiempos. La escena en el Bosque Telar, con niños buscando huevos de Pascua, contrastaba con la seriedad habitual del recinto, brindando un aire de renovación y alegría.
El evento sirvió también como vitrina para proyectos de emprendimiento que ya están dando frutos tangibles. El “Café Presidente” ofreció productos elaborados por las mujeres del CEFERE, mientras que el puesto de “Remenditos” mostró artesanías confeccionadas a mano por internos que buscan una nueva dirección en sus vidas. Estas iniciativas no solo representan una ocupación, sino una herramienta real de transformación que demuestra que el trabajo digno es el puente más sólido hacia el futuro.
Al recorrido se sumó la ministra de Educación, Lucy Molinar, quien es una fiel creyente del “Plan Libertad”. Molinar compartió anécdotas de escuelas que prefieren el apoyo de los privados de libertad para labores de mantenimiento por su eficiencia y compromiso. “Eso para ellos es una sensación de sentirse útiles a la sociedad y tiene mucho valor”, afirmó la titular de Educación. Para los internos presentes, este Domingo de Resurrección no fue solo una fecha en el calendario litúrgico, sino un recordatorio de que, con disciplina y fe, es posible reconstruir una vida desde los cimientos de la utilidad y el servicio