Por: Ing. Ronald Handel Lee Wong
Miembro de la Asociación Panameña de Amistad con China
A partir de las reformas políticas y la apertura económica propiciada en 1978, China ha experimentado una transformación social sin precedentes. Impulsada por un sinigual desarrollo económico sostenido, ha logrado sacar a más de 800 millones de personas de la pobreza en tan sólo 40 años, lo que representa más del 75% de la reducción de la pobreza a nivel mundial.
Hoy China es consideraba la “gran fábrica del mundo”. Con sabiduría y esfuerzo, se ha convertido en la segunda economía del planeta, con miras a convertirse en la primera en un futuro próximo. El sello Made in China ha dejado atrás el estigma de baja calidad para transformarse en un símbolo de innovación y competitividad global. El país es el líder indiscutible en biomedicina, energías renovables, inteligencia artificial, cadenas de suministro, ecosistemas de producción, robótica, comunicaciones, alta tecnología y desarrollo social.
¿Qué tiene que ver esto con Panamá? – La respuesta la resumo en tres datos claves:
- El Canal de Panama: China es el segundo usuario de la vía interoceánica. Los peajes que pagan los buques chinos representan un aporte significativo a las finanzas del Estado que se invierten en obras públicas.
- La Zona Libre de Colón: China es por lejos su mayor proveedor. El gran volumen de mercancías que se reexportan a Latinoamérica no solo genera empleo en la zona franca, sino que lubrica el engranaje de nuestra maquinaria logística, contribuyendo a la estabilidad de las cadenas de suministro globales.
- Abanderamiento de naves: Previo a la situación geopolítica, más del 20% del tonelaje bruto del registro panameño correspondía a naves de empresas chinas.
La realidad de nuestro día a día
Para entender el significado de esta relación, basta con imaginarnos cómo sería vivir un solo día sin utilizar productos de China. No estoy hablando de sazonar tu almuerzo con salsa china o de comerte un rico siu mae en la tienda de la esquina. Me refiero a elementos fundamentales de uso corriente como: La vestimenta, calzado, carteras, relojes que usas dentro y fuera de tu hogar; las bicicletas, motos y vehículos que circulan por las calles; los radios, televisores, acondicionadores de aire, electrodomésticos, microondas, neveras, lavadoras que mejoran nuestra calidad de la vida; las computadoras y celulares, que nos mantienen comunicados; las maquinarias, materiales eléctricos, plomería y artefactos con los que se construyen hogares e industrias; los paneles solares, baterías, inversores con que se arman los sistemas de energías renovables. La realidad es que en Panamá y el resto del mundo, es prácticamente imposible pasar un día sin China.
Por ello, no tiene sentido práctico, ni lógico promover diferencias o abanicar conflictos con una nación tan influyente. Especialmente cuando aspiramos a consolidar a Panamá como hub estratégico regional y Puente del Mundo para la conectar las cadenas globales de valor.
El principio de Una Sola China y la diplomacia panameña
Tras un largo proceso de evaluación por parte de administraciones de diferentes corrientes políticas, Panamá tomó la decisión histórica de establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China el 13 de junio de 2017. El tema medular de este acuerdo es el reconocimiento del principio de una sola China, el cual ha sido respetado sin condiciones por 181 de los 193 países del mundo. Este amplio consenso internacional (93.7%) incluye las mayores potencias globales agrupadas en el G20 y cuenta con la aceptación de la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Desde el inicio China ha puesto las cartas sobre la mesa: Es innegociable mantener relaciones diplomáticas y comerciales con Beijing, y paralelamente establecer lazos oficiales con Taiwan.
Según nuestra Constitución, el Presidente dirige las relaciones exteriores con la colaboración del Ministro de Relaciones Exteriores. Tanto el mandatario José Raúl Mulino, como el canciller Javier Martínez-Acha, han ratificado el apego de Panamá al principio de una sola China y han rechazado los acercamientos con Taiwan realizados por miembros de la Asamblea Nacional de Diputados.
El Artículo 2 de la Constitución expresa: ‘El poder Público solo emana del pueblo. Lo ejerce el Estado conforme esta Constitución lo establece por medio de los órganos Legislativo, Ejecutivo, y Judicial, los cuales actúan limitada y separadamente, pero en armónica colaboración’. ¿Se puede considerar una “armónica colaboración” que miembros del Legislativo promuevan, constante y abiertamente una posición internacional opuesta a la del Órgano Ejecutivo?
El sentir de la comunidad chino-panameña
Es necesario recalcar que más del 99% de los migrantes chinos que han llegado al istmo desde 1854 provienen de China continental, no de ninguna isla. Por consiguiente, las tradiciones, gastronomía, cultura, lazos familiares y afinidad históricamente han sido con la República Popular China, por ello, las organizaciones de la comunidad en todo el país apoyan las relaciones oficiales con Beijing.
Es importante que el actual Gobierno y la sociedad panameña en general, de la cual los descendientes de inmigrantes chinos formamos parte, conozcan esta realidad. En consecuencia, vemos con extrañeza que algunos diputados y egresados de Universidades de Taiwan impulsen acercamientos con la isla para restarle importancia a las relaciones con República Popular de China. Sus planteamientos carecen de fundamentos, no representan la postura del gobierno, ni mucho menos el sentir de los miles de nacionales panameños de ascendencia china que somos parte fundamental del electorado.
A la comunidad china en Panamá les preocupa y afecta la inestabilidad del status quo. Recibimos el impacto negativo y el daño reputacional causados por declaraciones desafortunadas de políticos que, en ocasiones, priorizan la “taquilla” o prefieren generar complacencia, sin valorar las repercusiones de sus actos.
Las relaciones entre los países siempre sufren altibajos, y la relación de Panamá con China no es inmune a esta realidad. Sin embargo, aun con estas fluctuaciones, las relaciones entre ambos países se han desarrollado con respeto y cooperación mutua en diversos campos que incluyen el comercio, la navegación marítima, el desarrollo de infraestructura, la agricultura, la tecnología, la educación y la cultura, generando beneficios para la nación panameña.
Es por ello que considero que debemos mirar el presente y el futuro de las relaciones chino-panameñas bajo el enfoque del continuo desarrollo de China. Esto nos permitirá extraer lecciones de sus procesos y adecuarlas a nuestra realidad, con el fin de emprender nuestro propio camino hacia la revitalización nacional, la modernización y el bienestar colectivo de la sociedad.
Panamá tiene en sus manos la opción de acompañar a China y aprender lecciones de su desarrollo, o seguir aferrada a fórmulas desfasadas que plenamente han demostrado que no funcionan. Insistir en ellas nos conducirá irremediablemente a la decepción y al estancamiento de siempre, lo que se traduce en oportunidades perdidas y promesas incumplidas.
Por consiguiente, hoy más que nunca necesitamos unirnos con sabiduría y determinación para aglutinar voluntades y movilizarnos para contribuir con mayor impulso al desarrollo de las relaciones entre China y Panamá. Recordemos que, por definición, la función de un puente es UNIR, jamás dividir.