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Sarcopenia: cuando la disminución de la fuerza muscular se adelanta a la pérdida de la función

Para el ojo inexperto, el envejecimiento suele medirse en arrugas o canas; para el ojo clínico, una de las mediciones más críticas se esconde en la firmeza de un apretón de manos.

Históricamente se pensaba que la sarcopenia —la pérdida de masa y fuerza muscular— comenzaba solo cuando una persona lucía visiblemente delgada o “frágil”. Sin embargo, hoy la ciencia médica reconoce que ese es un error de diagnóstico que puede costar años de autonomía. La verdadera alerta no siempre se ve en el espejo; se siente, primero, en la pérdida de la fuerza muscular.

La Dra. Delky Meza-Valderrama, especialista en Medicina Física y Rehabilitación de la Caja de Seguro Social (CSS), explica que esta enfermedad va mucho más allá de la “masa muscular” que se cree observar a simple vista. El verdadero impacto está en la pérdida de la función del individuo.

El enemigo invisible es el sedentarismo

De ahí radica la importancia de un diagnóstico oportuno. La especialista señala al sedentarismo como una de las principales causas de este padecimiento, advirtiendo que una persona con muy poca actividad física empezará a perder de forma acelerada esa masa muscular que, de manera natural, tiende a disminuir a partir de los 30 años.

Aunque es una condición que se observa con mayor frecuencia en el adulto mayor, la Dra. Meza Valderrama —quien ha realizado diversos estudios sobre el tema— resalta que mediante evaluaciones clínicas es posible detectar la calidad real del músculo.
“No estamos hablando de personas delgadas u obesas; se trata de tener presente el concepto de salud muscular”, aclara la especialista.
Para la médica, no existe otra fórmula para mantener una estructura muscular óptima y evitar la sarcopenia que no sea el movimiento

“Es importante tener una buena nutrición como acompañamiento, pero para lograr una buena masa y fuerza muscular, el ejercicio físico es la clave”.

Un factor de riesgo hospitalario

El impacto de la sarcopenia en la salud pública es preocupante. Cuando un paciente con esta condición sufre una lesión o enfermedad que requiere hospitalización, su tiempo de internamiento se prolonga considerablemente.

“Sabemos que la sarcopenia es un factor de riesgo para complicaciones intrahospitalarias; si se ingresa ya con una pobre reserva muscular, no solo se está en riesgo de una estancia hospitalaria más prolongada, sino que se tiene mayor riesgo de complicaciones postoperatorias, mayor riesgo de caídas y fracturas por lo tanto de discapacidad física y una sobrevida más corta, lo que convierte a esta condición en un factor marcadamente negativo para la recuperación de la salud”, sustentó Meza-Valderrama.

La especialista invitó a un cambio de paradigma en la consulta médica tradicional, toda vez que “normalmente nuestra medicina preventiva está destinada al examen físico cardiopulmonar y a evaluar los exámenes de laboratorio solicitados, donde quizás las mediciones de la presión arterial y el resto de signos vitales sean lo que siempre debe valorarse; generalmente si todo está bien, el paciente se va tranquilo”.

Recordó que evaluar el rendimiento físico del individuo, su fuerza y su función, no está dentro de los requerimientos de la consulta habitual, discutir sobre ejercicio como una prescripción médica más que un simple consejo no es lo que comúnmente se hace, lo que es interesante, es que si se analiza detenidamente, “en todas estas enfermedades crónicas no transmisibles, frecuentemente estudiadas en la consulta, como la hipertensión o la diabetes siempre se recomienda el ejercicio físico, ya no solo como prevención, sino como parte ineludible del tratamiento no medicamentoso”, precisó.

Valore la fuerza muscular

Para la Dra. Meza-Valderrama, la solución está en el origen: si se empieza a valorar la fuerza muscular y la importancia del músculo desde la atención primaria, incentivando hábitos de vida saludables y en contra de la vida sedentaria, se podrían prevenir múltiples enfermedades crónicas antes de que haya daño estructural.

Para esto, es importante que se tenga claro que la sarcopenia no es una enfermedad exclusiva del adulto mayor, por lo que la función muscular debe evaluarse al menos, a partir de mediana edad. “Nuestra población debe saber que todo ejercicio físico que hagamos desde jóvenes, se verá reflejado en la calidad de la fibra muscular y, por lo tanto, en nuestro rendimiento físico a lo largo de toda la vida”, sostuvo.

Detectar la sarcopenia a tiempo es una carrera contra el reloj biológico. Cuando una persona mayor empieza a experimentar dificultades para caminar al ritmo de los demás, tarda más en cruzar una avenida, necesita impulsarse con los brazos para levantarse de una silla, o ya no puede abrir el mismo frasco de siempre, y esto ocurre sin que haya una razón clara de ello, es porque el músculo ya está enviando señales de auxilio, en ningún caso esto debe tomarse como parte normal del envejecimiento, porque no lo es.

El gran reto de la medicina actual es atrapar la condición en su etapa “subclínica” o, como se dice en medicina, desde la “probable sarcopenia”, mucho antes de que ocurra la primera caída o fractura catastrófica. Porque la vida se trata de tener salud y la salud es “la función”, reiteró la Dra. Meza-Valderrama.

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