Un beso negro a una mujer emancipada

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El Caballero sin memoria
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Les ha pasado que entran en una monotonía en una relación y hablo en el plano sentimental y sexual… No es que uno quiera, simplemente se da.

Esto ocurre por muchos motivos, tal vez puede ser por la conquista, nos gusta esa parte de enamorar o conquistar, un resabio del salvajismo supongo.

Hace un tiempo salía una mujer profesional, algo complicada… Katherine es un ejemplo de cliché, guapa, profesional, exitosa, pero con ínfulas de mujer emancipada.

Los fines de semana ella se quedaba en mi casa o viceversa… Cenábamos, hacíamos el amor, religiosamente.

Para matar el tiempo, empecé a llevar libros. Una noche mientras leía “Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom”.

De pronto ella, se apareció en un cachetero y un brasier negro camina hacia mí, con sus largas piernas, con dos copas de vino tinto.

Como les conté, siempre quería llevar el control de todo. En realidad quería terminar de leer el libro y Katy, estaba allí intentando llevarme a la cama.

En ese momento le día una nalgada, le susurré el oído que tomará un baño mientras terminaba él un capítulo del libro. Como esperaba mi propuesta no le gustó para nada, con ella era como y cuando su majestad quería.

Busqué una pañoleta en uno de sus cajones, en la mesita de noche estaba mi corbata… Ella estaba acostaba boca abajo en cachetero, me senté arriba suyo, le vendé los ojos, luego le besé el cuello y la nuca. Luego le tomé las manos, la amarré con la corbata. Katy comenzó a gritar que la soltará… Mi respuesta fue besarla en distintos puntos de su cuerpo, ella trató de controlar sus gemidos, pero el placer que sentía era incontrolable.

La puse en cuatro en el medio de la cama, con el bóxer puesto le di varias embestidas, la feminista emancipada en lugar de poner resistencia se acomodó esperando que la penetrara.

Con suavidad le bajé el cachetero. Luego le lamí su vagina, estaba mojada, la seguí acariciando con la punta de los dedos, ella suspiraba, de vez en cuando le daba unas leves nalgadas.

Me dirigí a la cubeta de hielo donde estaba la botella de vino, tomé un cubo de hielo, con firmeza separe sus nalgas, de forma circular pase el hielo por el ano de Katy, luego lo lamí muchas veces, para lubricarlo use mi saliva, metí 2 dedos una a la vez, cuando se dilató lo suficiente me paré detrás de ella, acerqué mi miembro para penetrarla con suavidad.

En lugar de una negativa, Katy comenzó a moverse en círculos mientras la tomaba de las caderas y del pelo durante la cabalgata. Alcanzamos juntos un orgasmo brutal, ella gritaba de placer, me pedía que siguiera dándole.

Al terminar le dije descansa un rato, te lo mereces.

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