En pandemia, con mucho tiempo libre, me hice fanático del canal de YouTube del argentino Jorge Pinarello, “Te lo resumo así nomás”, y de “Agujeros de Guion”, del comunicador y escritor español Andoni Garrido.
Tomé varios cursos online donde aprendí a ver los filmes desde otra óptica, más crítica, para poder escribir sobre el séptimo arte.
Para la entrega de esta semana, analizaremos un filme que congrega a grandes figuras de la industria: el director y productor Steven Spielberg, y el actor, productor y director Tom Hanks.
Puente de espías (2015) aborda la llamada Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS de una manera diferente: no desde el campo de batalla, sino desde el de la razón. Basada en hechos reales y respaldada por un guion de Matt Charman junto a los laureados hermanos Ethan y Joel Coen, la cinta plantea un profundo dilema ético sobre la justicia y la condición humana.
La obra se desarrolla entre la ciudad de Nueva York, que a fines de la década de 1950 vivía bajo la paranoia anticomunista, y el Berlín Oriental de principios de los 1960, tenso por la construcción del muro. En medio de este polvorín geopolítico se encuentra James Donovan (interpretado magistralmente por Tom Hanks), un pragmático abogado de seguros que recibe el encargo de defender a Rudolf Abel (Mark Rylance), un espía soviético capturado en suelo estadounidense.
La primera mitad de la película se concentra en el juicio de Abel. En este punto, el libreto de los Coen y Charman pone en contraste los ideales constitucionales de legalidad y el derecho a un juicio justo frente al fervor patriótico de la opinión pública, que exige venganza inmediata. A pesar de la hostilidad del entorno y del rechazo de su propia familia, Donovan decide cumplir con su deber ético, humanizando a un enemigo estatal y recordándole al espectador que los principios se demuestran, precisamente, en los momentos de mayor crisis.
Todo da un giro cuando el piloto estadounidense Francis Gary Powers (Austin Stowell) es derribado en territorio de la URSS a bordo de un avión espía U2. Este incidente traslada la acción a la claustrofóbica y peligrosa Berlín Oriental, donde Donovan se convierte en el enlace diplomático secreto para negociar un delicado intercambio: el espía Abel por el piloto Powers.
Sutileza técnica y actuaciones de Óscar
Uno de los pilares indiscutibles del filme es la química interpretativa y moral entre Hanks y Rylance. La actuación de Mark Rylance como el sereno y reservado Rudolf Abel —que le valió con total justicia el Premio de la Academia al Mejor Actor de Reparto— dota a la cinta de una contención y dignidad poética memorables. Su sobriedad obliga al público a cuestionar sus propios prejuicios en tiempos de polarización.
En el apartado técnico, la cinematografía de Janusz Kaminski captura de forma excepcional la frialdad grisácea de la Europa de posguerra, mientras que la banda sonora de Thomas Newman aporta el matiz emotivo justo para enfatizar el suspenso sin caer en el melodrama.
Veredicto: Puente de espías es un testimonio cinematográfico atemporal sobre la empatía y la diplomacia. Spielberg nos recuerda que, incluso en los escenarios de mayor confrontación global, el diálogo y el respeto por los derechos humanos fundamentales deben prevalecer sobre la violencia. Una obra imprescindible que se disfruta desde el primer minuto hasta el último fotograma.