La noche en el sector de Chagres se tiñó de sangre y luto. En las cercanías de la potabilizadora Federico Guardia Conte, el estruendo de las balas reemplazó la calma del descanso, dejando un saldo trágico de dos personas fallecidas y dos menores de edad heridos en un ataque que ha dejado a la comunidad sumida en el miedo y el hermetismo.
Eran aproximadamente las 11:00 p.m. cuando las ráfagas de fuego rompieron el silencio. Los residentes, acostumbrados a la creciente inseguridad pero espantados por la intensidad del ataque, se refugiaron en sus hogares hasta que el silencio volvió a reinar. Al salir, la escena era dantesca: sobre el suelo yacían los cuerpos sin vida de Fidel Abdiel Medina, de unos 20 años, e Isidro Robles, de 65 años. Ambos presentaban múltiples impactos de proyectil de arma de fuego que les segaron la vida de forma instantánea.
La tragedia no terminó con las víctimas fatales. En medio del caos, se confirmó que una niña de tan solo 9 años y un adolescente de 16 años también fueron alcanzados por los proyectiles. Los heridos fueron auxiliados rápidamente, mientras el pánico se apoderaba de los testigos que, ante el temor a represalias, han optado por guardar un silencio sepulcral sobre la identidad de los verdugos.
Unidades de la Policía Nacional llegaron al sitio para acordonar el área, transformando el sector en una escena del crimen bajo estricta custodia. Poco después, funcionarios de la Fiscalía de Homicidios y Femicidios, junto a peritos del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, iniciaron el levantamiento de los cadáveres y la recolección de indicios balísticos que permitan dar con los responsables.
Chilibre vuelve a ser escenario de la violencia implacable que no distingue edades, dejando a dos familias destruidas y una investigación que apenas comienza entre la oscuridad de la noche y el miedo de un pueblo que prefiere callar.