Extrañando sus brazos

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El Caballero sin memoria

Watchin’ every motion in my foolish lover’s game
On this endless ocean, finally lovers know no shame
Turning and returning to some secret place inside
Watchin’ in slow motion as you turn around and say Take my breath away (Take My Breath Away de Berlin)

En cuarentena hay mucho tiempo de ocio, en el cual la mente vuela, puedes ir a Paris o recordar pasajes de tu niñez.

La otra tarde mirando por la ventana mientras intentaba leer la Teoría del conocimiento de Johannes Hessen, encontré un separador de libros de la niña Mafalda, en la parte posterior había un beso marcado con labial, sin duda era de Katyenka.

Con Katyenka tuve una relación muy intensa, pero a la vez fugaz. Como dice Benedetti ” es casi ley, los amores eternos son los más breves”.

En ese momento extrañé los besos apasionados de Katyenka, su largo cabello, sus caricias, su piel, en fin.

Recordé lo maravilloso que era despertar entre sus brazos y que siempre tenía una sonrisa para mí.

En la intimidad llegamos a un punto tal, que no había que decir palabras; con solo una mirada nos decíamos todos.

Recuerdo una ocasión regresando de un viaje al interior con ella, el carro se averió justo antes de subir Loma Campana. Era tardísimo, sino me equivoco era la madrugada de un Sábado Santo. Orillé el carro para revisarlo, pero no tenía remedio inmediato, así que llamé para que nos rescataran.

Por lo lejano del lugar y la hora que era, sabía que demorarían. Trate de pasar la frustración y busque algo de tomar en mi pequeño cooler, solo había hielo y agua, respiré. De pronto me acordé de una botella de Cabernet Sauvignon que me habían regalado en diciembre y andaba rodando debajo del asiento del auto.

Serví un poco en dos vasos improvisados y nos pusimos a echar cuentos. Cuando la botella ya iba por la mitad, ella se cruza a mi asiento, lo corre hacia atrás, me quita el suéter y empezamos a amarnos a un costado de la vía. No sé si fue el alcohol o la adrenalina de que alguien pudiera vernos, sin duda fue uno de los más intensos.

Luego, nos dormimos profundamente, hasta que las luces de la grúa nos despertaron.
No sé qué nos pasó, éramos amigos y a la vez amantes, algo muy difícil en de lograr. Lo único que puedo decir es que quisiera volver a disfrutar un café con ella y escucharla decir, siéntate derecho, acomódate la camisa o ese color no te va.

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