Perspectiva económica y social: Las claves de la ‘Economía Política’ según la lectura de Abdiel Rodríguez
POR: Abdiel Rodríguez Reyes
Doctor en filosofía
Aristóteles entendía la economía como la ciencia de la riqueza. En ese sentido, la riqueza es siempre una realidad social, producida y distribuida entre personas concretas. Partiendo de esta idea, la economía no puede reducirse a datos, estadísticas y números. Detrás de estos hay personas, necesidades y relaciones sociales concretas. Por eso, la economía también tiene una responsabilidad ética y política.
No es casual que Adam Smith fuera también filósofo moral, ni que más recientemente Amartya Sen haya insistido en recuperar los vínculos entre economía, ética y justicia. Pensar la economía implica preguntarnos por la riqueza, pero también por cómo se produce, quién se apropia de ella y cómo esta contribuye al bienestar colectivo.
Estas reflexiones vienen a propósito de Economía política. Socialdemocracia y las izquierdas en Panamá (2004-2025), obra del economista panameño René Bracho, recientemente publicada por Amazon y presentada en la Feria Internacional del Libro de Panamá. Se trata de un trabajo amplio que intenta pensar dialécticamente la relación entre economía y política.
Hay tres aspectos que particularmente me interesan de esta obra. El primero es la discusión teórica sobre economía política. Bracho no rehúye el debate conceptual y recurre a distintas tradiciones, incluida la teoría del valor de Marx. Esto es importante porque todavía necesitamos discutir qué entendemos por riqueza, valor y distribución. La economía política adquiere sentido precisamente cuando los números son interpretados a partir de las relaciones sociales que los producen.
El segundo aspecto es el de los perfiles ideológicos de los partidos políticos panameños. En este punto aparece una figura central del libro, Martín Torrijos, quien además escribe el prólogo. Bracho lo sitúa como un referente de la socialdemocracia panameña, particularmente a partir de las políticas desarrolladas durante su gobierno. Torrijos resume bien uno de los problemas que atraviesan la obra cuando pregunta: “¿Por qué un país que ha experimentado un crecimiento económico sostenido durante décadas no ha logrado convertir ese crecimiento en una vía para el desarrollo?” (p.1). La interrogante toca un nervio de nuestra realidad, crecer económicamente no significa necesariamente desarrollarnos como sociedad.
El tercer aspecto que me interesa es la propuesta de establecer un diálogo entre la socialdemocracia y aquello que Bracho denomina la izquierda institucional. No se trata de una cuestión menor en un país donde las fuerzas progresistas han tenido dificultades históricas para articular un proyecto político común. Para Bracho, democratizar supone ampliar efectivamente la participación: “una profundización intensa de la ciudadanía y las masas populares exige procesos decisorios para la construcción de decisiones democráticas con amplitud plural y prácticas democratizantes” (p. 201).
Al final, detrás de las categorías económicas, las elecciones y las disputas ideológicas, en este libro subyace una preocupación mayor: “la necesidad de transformar la vida pública panameña”, como se señala en el epílogo. Pensar nuevamente un proyecto de país donde economía, democracia, participación y justicia social puedan encontrarse. De eso se trata.
