Por: Jaime J. Olive G.
Farmacéutico y Abogado
En Panamá, hablar de reformas al sistema de salud suele generar una reacción inmediata: la preocupación de que cualquier intento de integración termine trasladando responsabilidades de una institución a otra, particularmente hacia la Caja de Seguro Social.
Esta inquietud no es menor, pero parte de una premisa que conviene revisar.
El verdadero problema del sistema no es la falta de instituciones, sino la forma en que estas interactúan-o más bien, dejan de hacerlo.
Hoy, el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social operan redes paralelas que, aunque persiguen el mismo objetivo, lo hacen de manera desarticulada.
El resultado es conocido: duplicidad de servicios, ineficiencia en el uso de recursos y, sobre todo, una experiencia fragmentada para el paciente.
Frente a este escenario, se ha planteado una alternativa que merece un análisis serio y desapasionado: la implementación de una cámara de compensación en salud.
Este mecanismo no busca fusionar instituciones ni alterar sus competencias, sino introducir un principio básico de organización: la coordinación efectiva.
La lógica es sencilla.
Cada vez que un paciente recibe atención independientemente de si lo hace en una instalación del Ministerio de Salud, de la Caja de Seguro Social o incluso del sector privado ese servicio se registra en un sistema común.
A partir de allí, la cámara de compensación determina quién debe asumir el costo, conforme a las reglas ya existentes.
Posteriormente, las instituciones ajustan sus cuentas entre si mediante un proceso de compensación, evitando pagos fragmentados y reduciendo la carga administrativa.
Este enfoque tiene una virtud fundamental, no traslada responsabilidades, las ordena.
La Caja de Seguro Social no asumiría funciones que no le corresponden, ni el Ministerio de Salud vería diluida su rectoría.
Por el contrario, ambas instituciones operarían dentro de un esquema más transparente, donde cada prestación es reconocida y cada obligación es claramente atribuida.
Más importante aún, el modelo coloca al paciente en el centro del sistema.
En lugar de obligarlo a navegar entre estructuras rígidas, se le permite acceder a una red integrada de servicios, donde la atención no depende de la afiliación institucional, sino de la necesidad de salud.
Los pagos por servicios recibidos se pueden hacer por el sistema ACH (Automated Clearing House), Cámara de Compensación, con el cual cuentan ambas instituciones.
Desde una perspectiva más amplia, esta propuesta también abre la puerta a un enfoque intersectorial.
La salud deja de entenderse únicamente como la atención de la enfermedad y pasa a concebirse como un componente esencial del bienestar, vinculado a factores sociales, económicos y territoriales.
Como toda política pública responsable, su implementación debe ser progresiva.
Por ello, se ha sugerido iniciar con un plan piloto en la región de Azuero, que permita evaluar su funcionamiento en un entorno controlado antes de considerar una expansión a nivel nacional.
Este paso no solo es prudente, sino necesario para generar confianza y evidencia.
El país se encuentra en un punto en el que las soluciones deben ir más allá del diagnóstico.
La cámara de compensación en salud no es una fórmula mágica, pero si una herramienta concreta, viable y jurídicamente sustentada para avanzar hacia un sistema más coherente.
La discusión, entonces, no debería centrarse en quién carga con qué, sino en cómo logramos que el sistema funcione como una verdadera red al servicio del ciudadano.
Integrar no es sobrecargar. Integrar, en el sentido más genuino, es coordinar para servir mejor.
Jaime J. Olive G.
Farmacéutico y Abogado
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